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Solemnes
Cultos e
Historia de
la
Virgen del
Carmen de La
Legua
No
existen
datos
históricos
ciertos y
documentados
acerca de la
Imagen de la
Santísima
Virgen del
Carmen de La
Legua.
Para referir
la fecha más
exacta, nos
remontaremos
al año de
1606.
De nuestra
Madre
Patria,
España, nos
enviaron, la
primera
Imagen de
Nuestra
Señora del
Carmen;
sin
embargo, a
pesar de
todos los
esfuerzos
realizados,
no se ha
podido
precisar el
año o el día
de su arribo
al Puerto
del Callao,
para luego
instalarse
en su Ermita
o Capilla de
La Legua.
Los
archivos,
desaparecieron,
en su
mayoría por
las
catástrofes
de la
naturaleza.
Además, una
de las más
recordadas
por su
destrucción
total fue el
terremoto y
maremoto del
28 de
Octubre de
1746 que le
costo al
pueblo la
muerte de
4,800
habitantes,
sobreviviendo
tan solo 200
personas, 19
buques de la
Armada
Española
fueron
varados y
destruidos.
Dos olas
gigantes una
de ellas de
20 metros de
altura
destruyeron
totalmente
al Callao,
eran las
10.30 de la
noche y las
aguas del
mar llegaron
hasta la
Legua. A
raíz de este
suceso,
apareció de
pronto, sin
partida de
nacimiento,
la hermosa
Imagen del
"Señor del
Mar"
Patrono
Jurado y
Protector
del Callao,
que es
materia de
otra
investigación,
además
comparte
algunos
momentos en
esta
historia.
La tradición
la llama,
Nuestra
Señora del
Carmen de La
Legua,
Excelsa
Patrona del
Callao y
como tal ha
sido
Coronada
Solemnemente
el 7 de
Octubre de
1951, ante
una compacta
multitud que
no acepta
comparaciones.
La devoción
a la Virgen
del Carmen
es universal
y de todos
conocido su
Santo
Escapulario.
Pero si en
el mundo
entero
tienen
veneración
por la
Virgen del
Monte
Carmelo, en
el Callao y
Lima muchos
fieles
tienen esta
devoción con
el título
popularísimo
de
Nuestra
Señora del
Carmen de La
Legua,
cuyos
orígenes
históricos
se trata de
aclarar.
Para
ilustración
del público
se les dará
a conocer
una versión
sobre la
Imagen,
bastante
aceptable y
es la
siguiente:
“Un
navegante,
hace tres
siglos,
surcaba los
mares de
nuestro
litoral,
conduciendo
un buen
cargamento
de maderas,
pero no se
ha podido
precisar si
fue en el
norte o en
el sur del
Callao,
donde estuvo
a punto de
naufragar
con su
propio barco
y con todo
su
contenido.
El capitán,
ante el
peligro tan
inminente
invocó el
Santo Nombre
de Nuestra
Señora del
Carmen,
Patrona de
los
Navegantes,
prometiéndole
con toda su
fe, que en
el primer
puerto que
encontrara,
desembarcaría
y con el
producto
monetario al
vender las
maderas que
traía, le
construiría
una ermita o
capilla.
El puerto
que
encontró,
fue
justamente
el Callao.
En aquellos
tiempos para
trasladar
las
mercancías
entre el
Callao y
Lima, solo
se contaba
con carretas
haladas por
mulos. El
capitán del
barco de
nuestra
referencia
para
trasladar
sus maderas,
contrató
varias
carretas en
las que
colocó su
mercancía y
partió a
Lima; pero
al llegar al
sitio donde
actualmente
se levanta
el
Santuario,
los mulos no
quisieron
avanzar
hacia Lima
ni
retroceder
al Callao.
Entonces el
capitán,
frente a
esta
situación
imprevista,
se decidió,
como sitio
elegido y
providencial,
a construir
la capilla
que todos
conocemos”.
Tal vez
tenga
importancia
el hecho de
haber
construido
la Capilla
entre Lima y
el Callao,
el lugar
equidistante
de ambas
ciudades y
frente a las
Huacas de
las que
muchas veces
se han
mencionado,
señalándoles
la
importancia
que deben
haber tenido
en los
legendarios
tiempos del
Incanato,
como en los
de la
Colonia,
como lugares
estratégicos
de
observación
del litoral
Chalaco.
Pues, sin
mayor
esfuerzo
mental se
viene a
admitir que
la
navegación
era muy
frecuente y
no solo por
necesidades
comerciales,
sino
también,
para
efectuar
actos de
piratería
tanto de los
peruanos,
como de los
aventureros
y piratas
extranjeros
que al
desembarcar
en tierra
chalaca,
efectuaban
robos de
toda clase
para luego
huir, con el
botín
obtenido, a
otros mares
y tierras y
gozar de los
beneficios
de los
pillajes.
La procesión
de la Virgen
del Carmen
siempre ha
tenido en el
Callao una
preparación
muy grande y
han sido
nuestros
antecesores
los más
celosos
defensores
de su
sagrado
culto.
Cuenta la
tradición
que la
"Virgen
con el poder
y la gracia
de Dios
expulso al
diablo de la
Carretera
Colonial",
que
entonces
aterraba en
su recorrido
porque
estaba
poseída del
demonio. Una
vez el
pescador
Taita
Chanque,
residente en
el Callao
iba en burro
llevando
pescado
fresco a
Lima, cuando
por el
camino, a la
altura de la
Iglesia de
La Legua, se
encontró con
una criatura
que con
infinito
desconsuelo
lloraba
abandonada.
Al ver al
angelito el
humanitario
pescador se
condolió y
dijo,
protestando:
“que
malas son
las gentes,
y cómo botan
a la
intemperie a
sus pobres
hijos...”.
Se bajó del
burro y con
paternal
cuidado
arrullándolo
en sus
brazos lo
acariciaba
con pena. La
criatura
abrió los
ojos y
volviéndose
al pescador
le dijo:
“Mira mis
dientes”.
Taita
Chanque que
lo miró
absorto,
petrificado,
vio que cada
diente en la
boca
abierta, era
una brasita
de candela.
Sintió que
se asfixiaba
y que su
pecho le
quemaba.
Entonces,
arrojó al
suelo a la
criatura y
sintió una
explosión.
Al día
siguiente,
unos
agricultores
hallaron
semimuerto
al
desventurado
Chanque.
Con los
cuidados que
se le
prodigaron
refirió su
triste
desventura,
y poco a
poco fue
perdiendo la
razón.
¡Había
cargado al
diablo que
la Virgen
del Carmen
arrojaba
publica y
definitivamente
de la
carretera!
Los milagros
hechos por
la
"Virgen del
Carmen de La
Legua"
se cuentan
por
centenares.
Creemos que
uno de los
que más se
han
destacado es
el de
Magdalena
Baldeón.
Esta mujer
se casó con
un Chino en
el Perú, se
embarcaron
para la
China y allá
su marido la
quiso tener
como una
esclava.
Devota de la
Virgen, con
la seda que
se había
conseguido
no tenía
mayor
preocupación
que la de
hacerle un
manto para
traérselo a
su vuelta a
la patria
lejana.
Las ofensas
fueron tan
humillantes
que la
esposa
herida por
tanta
crueldad
protestó,
pero el
marido ya
había
dictado su
sentencia,
Magdalena
estaba
condenada a
muerte. No
falto un
alma
caritativa
que le
hiciera
conocer el
trágico fin
que le
esperaba; no
tenía
posible
escapatoria.
Sin embargo
tomo el
manto
bordado con
sus manos,
se encomendó
a la Virgen
del Carmen y
fugó. No
conocía el
idioma,
apenas se
dejaba
entender.
Pero, por
donde iba no
encontraba
sino
facilidades,
atenciones,
auxilios,
que sólo la
Virgen podía
darle por
distintos
cauces.
Llegó al
Callao y el
manto que la
devota
Baldeón le
puso a la
Virgen
llevaba el
presagio de
un milagro
excepcional.
Después, ya
en la
República
fue también
la Virgen
del Carmen
la que
iluminó con
sus gracias
a todos los
valientes
que de Lima
llegaron al
Callao para
enfrentarse
a la
Escuadra
Española el
2 de Mayo de
1866.
Es indudable
que un
pueblo
fervoroso
como el
pueblo
limeño al
pasar por la
única
carretera
que entonces
existía
tenía que
invocar el
auxilio de
la
"Virgen del
Carmen de La
Legua",
cuyo manto
protector
abarca hasta
ahora la
tierra y el
mar del
Callao.
No de otro
modo se
explica la
bravura de
esos hombres
hasta lo
imaginable
cuando la
acompañan
esas dos
fuerzas
extraordinarias
que son el
amor a Dios
y el amor a
la patria.
En
Cosas del
Callao,
nos cuenta
el Coronel
Néstor
Gambetta,
Senador de
la República
por el
Callao la
clásica
procesión:
“El
16 de Julio
en que el
mundo
católico
celebra la
gran
festividad
de la
Santísima
Virgen
Carmelita,
el Callao
vibraba de
júbilo,
porque
sacaba en
triunfo de
la Iglesia
de La Legua
a la Iglesia
de la
Matriz, a la
abogada de
los
culpables en
el pecado
mortal, que
llena de
bendiciones
extendía sus
divinas
manos sobre
todo el
pueblo.
Las imágenes
de la Virgen
y de San
Rafael eran
tapadas con
vistoso
géneros.
Se les
conducía
hasta la
calle Vigil,
en donde la
esperaban
innumerables
devotos
con cirios
encendidos.
Aquí se
quitaban las
gasas, se
prendían las
velas, se
regaban de
flores las
andas, se
organizaba,
si se
quiere, la
procesión.
Ya en camino
al corazón
de la
ciudad, el
gentío iba
engrosando y
engrosando.
Unos
esperaban en
las
bocacalles
el paso de
la Virgen,
impacientes
y nerviosos,
porque no
veían la
hora de
recrear el
espíritu
ante el
nacarado
rostro de la
amantísima
Virgen. Un
run run de
inquietud se
cierne en el
espacio,
cuando de
pronto surge
un
¡Ahí viene
la Virgen!
¡Ya viene!.
Efectivamente,
ya avanzaba
la
procesión.
Se escucha
dulcemente,
como música
celestial,
el eco del
maestro
arica, y
confundidos
los cánticos
de los
devotos. La
multitud en
un vaivén
uniforme se
acerca
lentamente;
aparecen los
monaguillos,
las hileras
ordenadas y
las primeras
devotas que
portan
cirios cuyas
llamas
guarecen
forros de
papel a
manera de
sombreros
con la copa
hacia abajo.
El olor a
sahumerio y
a incienso
impregnan el
aire. Pasa
San Rafael
que cargan
cuatro
macetones
robustos. Se
detienen a
un golpe de
martillo
dado por Pan
Frío, quien
los manda.
Descansan un
rato y dos
golpes de
martillo
indican que
la procesión
debe
continuar la
marcha.
La procesión
avanza, al
paso de la
Virgen, con
su túnica
cabritilla,
su cinturón
negro
ceñido, su
escapulario,
su manto
blanco, el
niño Dios
hecho un
anís en sus
brazos, se
escapa de
los labios
un grito de
admiración:
¡Que
linda esta
la Virgen!
¡Este año
está más
bonita que
nunca! ¡Vela
a Nuestra
Señora del
Carmen...!.
Ya ha
llegado la
procesión
hasta la
calle
Cóchrane.
Las
encomenderías
de los
chinos tiene
listas
enormes
gruesas de
cohetes
colocadas en
las astas de
la bandera
para
prenderlas
en el
momento
preciso.
¡Que
alegría!.
Los
sacerdotes
yendo y
viniendo
ponen en
orden las
filas con
oportunas
indicaciones
de palabras
y por
señales;
negras
sinceramente
devotas
están
indignadas
por la mala
crianza de
algunos
jovencitos
que con
disimulo y
por la
espalda les
apagaban las
velas;
guardias
atentos
abren calle,
y se
encuentran
preparados
para hacer
sentir al
primero que
se descuide,
todo el peso
de la vara
de la ley.
En tanto, de
ese
apiñamiento
de gentes
que rodean
el anda,
sale de
nuevo y se
esparce y se
eleva, como
una
reacción a
la fatiga,
el canto
clásico:
Salve,
salve,
cantaba
María que
más pura que
tú solo
Dios,
y en el
cielo una
voz repetía:
Más que Tú
solo Dios,
solo Dios.
Con
torrentes de
luz que te
inundan los
Arcángeles
besan tus
pies,
las
estrellas tu
frente
circundan y
hasta Dios
complacido
te ve.
De los
balcones
engalanados
con encajes,
cortinas y
terciopelos,
las familias
arrojan
flores y
pétalos a la
Virgen
procurando
que caigan
sobre su
corona,
sobre sus
vestidos, y
sus pies.
Los hombres
descubiertos
muestran en
sus rostros
honda
devoción.
Pan Frío
como guía
del camino
impone su
autoridad a
ratos, con
mucha
diplomacia:
¡Apúrense,
hermanos que
vamos a
llegar muy
tarde!
¡Arriba,
hermanitos,
que se viene
la Virgen!.
Llega la
procesión a
la Iglesia
Matriz,
funcionan
las mesas de
limosnas
presididas
por la Sra.
Garay, en la
que se
depositaban
óbolos,
recibiéndose
en cambio,
pastillas,
estampas,
detentes,
escapularios
o ramitos de
flores.
Hasta el
tres de
Octubre se
efectuaba el
Triduo, con
misas,
recitaciones,
letanías,
sermones y
bendiciones.
El primer
Domingo de
Octubre
salía la
procesión al
hospital de
Guadalupe, a
visitar a
los
enfermos. En
este
recorrido
pasaba la
Virgen bajo
dos arcos
preciosos
levantados
por los
pescadores
en la
esquina de
Constitución
y
Montevideo,
en el
antiguo
Volcán de
Nápoles, y
en el Paseo
Garibaldi,
muy bien
hecho y muy
bien
pintado, con
motivos
cristianos.
En esos
arcos estaba
la gran Nube
que se abría
al paso de
la Virgen
dejando en
libertad
blancas
palomas y
soltando
décimas que
todos
agarraban:
Virgen Santa
del Carmelo
Reina de mi
salvación,
en mi
postrera
agonía ten
de mi
compasión...
Madre mía
del Carmelo
tu devota
agradecida
que te ruega
con anhelo:
¡No la vayas
a olvidar!
El segundo
Domingo de
Octubre
regresaba la
Virgen al
Santuario de
La Legua. Se
veían
personas que
caminaban
descalzos,
de rodillas,
que echaban
trigo a los
zapatos para
martirizarse
sin la menor
queja. Muy
conocida fue
la mujer
vestida de
negro que
causaba
cierto
recelo y a
la que se le
conocía por
La
Resucitada.
Se llegaba a
La Legua
pasada la 1
de la tarde.
Se
realizaban
los oficios
religiosos y
las
ceremonias
finalizaban
dentro de la
compostura
más
perfecta.
¡A almorzar!
¡A ver, las
viandas!.
A ocupar las
mesitas
entoldadas,
para limpiar
las fuentes
repletas de
guisos
criollos o a
poner el
mantel al
aire libre
sobre la
grama en los
amplios
potreros,
teniendo
cuidado de
que no
aparezcan
los
novillos.
Por todas
partes se
van formando
circulitos
de gentes
que se
aprietan más
y más a
medida que
se desatan
sendos
paquetes que
guardan
butifarras
de gallina y
de chancho,
salame
aceitunas,
queso
fresco, pan,
mucho pan.
Se nutren de
consumidores
los puestos
ambulantes
con dos
bancas
corridas y
techos de
lona,
adornados
con
gallardetes
multicolores.
Desaparecen
por doquiera
unos tras
otros los
platitos de
causa, de
mondonguito
con arroz,
de papas con
ají, de
charqui con
ollucos bien
picantes. Se
bañan en
chicha
morada y de
jora los
sedientos
estómagos,
el olor del
anticucho
sube a las
nubes y el
apetito se
dilata como
el
horizonte.
En sitios
escogidos
suena la
guitarra.
Bajo un
árbol
coposo,
otros
cantores, se
preparan.
Por donde se
lleva el
terreno está
salpicado de
seres
humanos.
Rodeados de
curiosos,
entre los
que abundan
los
chiquillos,
los
cachimbos
del Maestro
Arica, se
disputan las
mejores
piezas de
música con
los del
Maestro
Pedemonte.
¡No
hay peor
enemigo que
el del
oficio!.
A las 5 de
la tarde ha
terminado
todo. La
mayor parte
de los
devotos
regresan a
pie en una
caravana
alegre y
polvorienta
que trae paz
en el alma y
tranquilidad
en la
conciencia.
Los amigos
van
despidiéndose
a medida que
van llegando
a sus
hogares o a
sus
proximidades.
¡Si nos
vemos hasta
el próximo
año, si
estamos
vivos! ¿Por
qué no vamos
a estar
vivos...?
¡Adiós!.
En casa de
muchos
devotos se
armaban
grandes
fiestas,
pero en
ninguna, las
reuniones
eran más
sostenidas
que en el
callejón sin
fondo de San
pedro y San
Pablo.
¿Cuántos
arrepentidos
habrían
llegado a la
Virgen...?
¡Solo Ella
lo sabía!.
¿Cuántos
demandarían
por su
intermedio
se hiciese
para ellos
la justicia
de la
tierra...?
Esa
justicia,
que no todos
reciben,
teniéndola;
o la otra...
cuyo epilogo
escuchamos
una tarde:
¡Virgencita
del Carmelo:
un hombre
falto a mi
madre, la
falta lavé
con sangre,
el juez me
mandó a
presidio...
y el juez
también
tiene
madre...!”
Esta
remembranza,
pertenece
quizás a
fines o
comienzos
del año
1900, cuando
apenas se
tendría 15 o
20 años de
edad.
Antiguamente,
cualquiera
cargaba el
anda, que en
aquella
época eran
de madera.
Hoy se
respetan los
reglamentos
y tienen
derecho a
cargar las
andas de la
Virgen,
únicamente
los que
pertenecen a
la
Hermandad de
Cargadores
de Nuestra
Señora del
Carmen de La
Legua.
En las
concurridísimas
procesiones
anuales de
Nuestra
Señora del
Carmen de la
Legua,
se
observa al
Arcángel San
Rafael
presidiendo
y
precediendo
las
procesiones,
tanto de
venida como
de regreso a
su
Santuario.
Se ha
indagado
sobre la
razón de
esta
práctica sin
obtener una
cosa segura,
todos los
fieles lo
ven, pero
nadie da una
explicación
satisfactoria.
Alguien
asevera y es
lo más
seguro, que
tal práctica
tiene su
explicación
en que San
Rafael ha
sido el
Patrón de
los
Pescadores
Chalacos, se
menciona
este hecho
como una
referencia
general de
todos, por
lo que tiene
muchos visos
de realidad.
Antiguamente
delante del
Arcángel San
Rafael,
iba una
barquichuela,
llevada por
los
pescadores y
al llegar a
algunos
puntos
principales
de la
ciudad,
hacían
reventar
cohetes
anunciando
la llegada
de la
Virgen.
Además, para
interpretar
en las
procesiones
la presencia
del
Arcángel,
puede tener
sus símbolos
y
significados
místicos:
“el
báculo es el
símbolo del
viajero para
defenderse
de los
peligros
espirituales
y materiales
y así de su
largo y
peligroso
viaje; en
cuanto al
pescado, hay
que tener
presente que
sus
vísceras:
corazón,
hígado e
hiel
sirvieron
para
devolver la
vista a
Tobías
anciano, por
bueno y
justo, pues
hacía obras
buenas y
agradables a
los ojos de
Dios, por lo
que le
bendijo a él
y a su
hijo”.
E aquí el
pasaje
bíblico: “El
anciano
Tobías,
caído en la
mayor
pobreza,
envió a su
hijo a
cobrar una
cantidad de
dinero, que
habían
prestado a
un Hebreo de
nombre
Gabelo, el
cual vivía
entonces en
Rages.
Tobías dio a
su hijo por
guía a un
joven de
aire afable,
modesto y
dulce, que
se había
ofrecido
para
acompañarlo.
Ellos no le
reconocieron,
pero era el
Arcángel
Rafael en
forma
humana.
Yendo de
camino, el
joven Tobías
hijo bájose
a un río a
lavarse; he
aquí que un
monstruoso
pez se lanzó
a devorarle.
Tobías huyo
espantado,
pero el
Arcángel le
dijo:
agarrado,
ábrelo y
guarda el
corazón, la
hiel y el
hígado,
porque serán
muy útiles
medicamentos.,
y así lo
hizo Tobías.
Llegados a
Ecbatana,
ciudad de
Media, El
Arcángel
condujo a
Tobías a
casa de un
pariente
suyo, dueño
de muchas
riquezas,
que tenia
una hija
única. Y
como Dios
tenia
dispuesto,
hizo que el
joven se
desposara
con aquella
virtuosa
doncella. El
Arcángel
mientras
tanto se fue
a Rages para
cobrar el
dinero de
Gabelo.
Cobrado el
dinero y
celebradas
las bodas,
el Arcángel
y Tobías se
apresuraron
a volver
acompañados
de su
esposa, que
los seguía
con sus
criados y
numerosos
camellos. La
madre de
Tobías subía
cada día a
la cima de
una colina,
desde donde
podía verse
en
lontananza,
para ver si
venia su
hijo. Y
percibiéndole,
corrió
presurosa a
su casa a
decírselo al
pobre padre.
Poco después
llegó el
perro,
compañero
fiel del
joven
viajero,
dando saltos
en señal de
alegría.
Entonces el
anciano
padre se
levantó, se
hizo
conducir al
encuentro
del hijo
amado, y
padre y
madre
abrazaron al
hijo,
llorando de
alegría.
Después el
joven
Tobías, como
el Arcángel
se lo había
prevenido,
tomó la hiel
del pez y
ungió con
ellos los
ojos de su
padre, que
recobró la
vista y pudo
ver de nuevo
al hijo
querido, a
su esposa, a
la
agraciada,
rica y
virtuosa
nuera, por
lo que todos
sintieron un
júbilo
indecible.
Pensaron
entonces los
padres de
Tobías en la
manera de
compensar al
compañero de
su hijo. Le
rogaron
aceptara la
mitad de sus
bienes; pero
éste rehusó
toda
recompensa y
manifestóles
que era el
Arcángel
Rafael. Al
oír esto,
cayeron
todos con el
rostro en
tierra y
adoraron a
Dios. Dióles
el Arcángel
el saludo de
paz y
desapareció”.
Acaso no hay
también
malos
espíritus en
las
procesiones
y el
"Arcángel
San Rafael"
es el Pregón
Angelical
que anuncia
a los fieles
la venida de
la Virgen,
Madre de
Dios.
Como
siempre,
"Nuestra
Señora del
Carmen de La
Legua"
iluminará
con su
pureza,
muchas
ilusiones,
muchas
esperanzas...
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